Demanda a Policía de Las Vegas por fuerza contra manifestantes

Una demanda federal presentada en el Condado de Clark no describe un incidente aislado, sino lo que califica como un patrón operativo de uso extremo y desproporcionado de fuerza por parte de la policía de las vegas durante una protesta anti-ICE en el centro de la ciudad.
Los registros incluidos en la demanda trazan una línea temporal precisa de la actuación del agente Mark Eshe, que resulta clave para entender la magnitud del caso.
Este caso ha puesto en el centro de atención las tácticas de la policía de las vegas, generando un debate sobre la necesidad de una reforma en las prácticas policiales.
Apenas seis minutos después de llegar a la zona de protesta, Eshe disparó sus primeras 20 rondas de proyectiles de gas pimienta contra la multitud. Cuatro minutos más tarde, volvió a disparar, esta vez 37 rondas adicionales, elevando de forma acelerada el nivel de fuerza empleada en un contexto donde, según la demanda, no existía una amenaza inmediata ni generalizada.
El documento judicial subraya que en menos de 90 minutos, el agente descargó un total de 157 proyectiles, una cifra que adquiere mayor peso cuando se analiza en contexto: esos disparos representaron más del 20 % del total de proyectiles de gas pimienta utilizados por todo el departamento policial durante los dos días completos de protestas.
La demanda sostiene que la actuación de Eshe careció de distinción entre conductas, disparando proyectiles contra personas que intentaban ejercer sus derechos constitucionales, sin evaluar si estaban violando la ley. Entre los afectados citados se encuentran una mujer que cruzaba la calle y un hombre que simplemente ondeaba una bandera en una intersección, ambos alcanzados por proyectiles.
El caso del demandante principal, Emanuel Beltran, es descrito con especial detalle. Según la demanda, Beltran levantó las manos en señal de rendición, aun así Eshe le disparó directamente a los pies, impactándolo tres veces en las piernas. El texto judicial califica este episodio como un uso punitivo de la fuerza, no una acción defensiva.
Más allá de los disparos, uno de los aspectos más delicados del caso es el entorno operativo y cultural que rodeó la actuación del agente. La demanda afirma que, mientras un oficial del equipo SWAT ayudaba a Eshe a recargar su arma de proyectiles, le dijo que se “divirtiera” (“have fun”), una expresión citada textualmente en el expediente judicial.
Al finalizar la noche, según los demandantes, un teniente de la Policía Metropolitana le dio a Eshe un “abrazo de felicitación” por su desempeño. Para la demanda, este gesto no es menor: se presenta como evidencia de una cultura interna que valida, normaliza e incluso celebra el uso agresivo de la fuerza en contextos de protesta.
Hasta el momento, la Policía Metropolitana de Las Vegas se ha limitado a señalar que no comenta litigios en curso. No ha informado si el agente implicado continúa en servicio activo ni si se activaron investigaciones internas por posibles violaciones de protocolo.
El caso plantea una pregunta central que trasciende a un solo agente: cuando el uso extremo de la fuerza es tolerado, respaldado o celebrado internamente, ¿sigue siendo un exceso individual o se convierte en una política de hecho?